De negaciones, tensiones, frustraciones y planes cuadrienales

Como quien no quiere la cosa, ya han pasado cuatro años desde la última vez que pasaron cuatro años y me encuentro en la idéntica y recurrente tesitura en la que ya me vi por aquel entonces (otra vez). Ya no me cabe duda de que todo forma parte de un Plan Cuadrienal (en mi caso) no escrito que parece querer definir mi obsolescencia programada asociada a la consecuente crisis por frustración en el proceso de creación de lo que me creía que era un constructo de estructuras narrativas ya consolidado. ¿Lo habéis entendido? Pues explicádmelo, que yo no he entendido nada.

En realidad, el inicio del proceso podría reducirse a una negación (no sé hacer algo que me he dado cuenta que necesito hacer) que ni se crea ni se destruye, que siempre está presente pero de la que no soy consciente hasta que se transforma en tensión (necesito poder hacerlo). Y esa tensión acaba manifestándose como una frustración creativa (¿cómo demonios lo hago?), que es la que hace que empiece a buscar soluciones (aprendo a hacer lo que no sé hacer y necesito hacer). En mi caso, este ciclo se repite irremediablemente cada cuatro años, sin que yo pueda hacer nada al respecto y a pesar de estar convencido cada vez que ya no va a hacer falta profundizar en nada más a ese nivel de profundidad y que ya tengo mis estructuras narrativas bien estructuradas (inocente de mí). Habría añadir un subelemento más, en cuanto a que la frustración creativa genera sus propios desperdicios, que serían la frustración subyante (vale, voy a aprender a hacerlo pero a ver cómo demonios lo aplico luego a mi flujo de trabajo siendo como soy una sola persona). Estos deshechos no intoxican el proceso por igual en todos los cuadrienios pero nunca está de más tenerlos en cuenta y hay muchas formas de librase de ellos o, cuando menos, intentar aislarlos.

Así a bote pronto, puedo dividir mis últimos 24 años en cuadrienios perfectamente definidos por una serie de hitos generalistas (con sus propias subfases de aprendizaje, evolución y perfeccionamiento, obviamente) que podrían ser escritura creativa, periodismo, diseño y maquetación web, fotografía, fotografía documental y producción audiovisual documental, que ahora empieza a pedir a gritos un retorno al inicio para construir narrativas audiovisuales. Todas estas fases se han solapado y complementado en su momento y siguen haciéndolo en la actualidad. Al final, sí que es cierto que el leitmotiv de todos estos cuadrienios se reduce a aprender diferentes lenguajes con los que hacer lo que más me gusta, que es contar historias.

El problema (frustración) al que me enfrento ahora es que he llegado a un punto en el que cada vez es más complicado, por no decir imposible, sacar adelante una idea de manera individual y coordinar fechas y recursos para según qué proyectos, sin presupuesto y tirando de favores y alianzas, hace que su ejecución tenga más incertidumbres que certezas. Pero estoy trabajando en ello. Aún tengo cuatro años.

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