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8.0

Salvando las distancias, Celestino Prieto es una suerte de Robert Neville (el de Richard Matheson, no el de las películas); el último representante-superviviente de su oficio-especie dentro de la desequilibrada lucha entre un mundo rural, que se resiste a desaparecer, y “La Civilización”, como la llama él, que no deja de convertir a los ruralitas en urbanitas. Al final, como en la novela de Matheson, El Isósceles se convierte en una curiosa anomalía para los urbanitas, que han cambiado completamente sus necesidades y su forma de vida, exterminando (socialmente) todo aquello que antaño formaba parte de la construcción de su Cotidiano.

Curiosamente Lo Tradicional (rural) se convierte en descubrimiento efímero para Lo Moderno (urbano) y en motivo de estudio y catalogación antes de su desaparición. El Isósceles o la fascinación de encontrar una última floración en un yermo por quienes lo provocamos mientras nos preguntamos, con una mezcla de hipocresía e ignorancia, qué hemos podido hacer mal para que algo tan bello desaparezca. Y lo convertimos en nuestra inspiración, en nuestra causa, en nuestra poesía sin rima, en un hashtag fatuo y volátil…

Como el propio Neville, Celestino se ha declarado en un estado de rebeldía-negación frente un status-quo en el que él parece abocado a la desaparecer y se aferra a su rutina de escalerero lo mismo que el personaje de Matheson se aferra a sus batidas para encontrar a alguien que le corrobore que no es el último de su especie. Y, sobre todo, está la negativa a someterse al falso dilema de “renovarse o morir”, si “renovarse” significa dejar de ser uno mismo y perder la identidad o “morir” aceptar la derrota. Para El Isósceles, la percepción que se vende de la tradición no es auténtica, no es más que Lo Antiguo (rural) visto a través del filtro de conveniencia de Lo Moderno (urbano)…

Pero, tanto para Celestino como para Neville, al final del camino está Lo Inevitable. Porque ambos son piezas que faltaban en puzzles que se perdieron hace tiempo, un anacronismo obsolescente, una metáfora de cómo Lo Nuevo fagocita Lo Viejo. Lo Viejo que, como Neville al final, toma consciencia de que Es Leyenda.

El Isósceles es Leyenda.