Cuando dejé de ser fotógrafo para hacer fotografías

Según la Real Academia Española, un fotógrafo, fa es o bien 1. m. y f. Persona que hace fotografías o bien 2. m. y f. Persona que tiene por oficio hacer fotografías. Es un condicional material, de eso no cabe duda; no se puede ser fotógrafo sin hacer fotos (a no ser que seas Fontcuberta)… Pero, en mi opinión, no se le puede aplicar el modus ponendo ponens de forma bidireccional ya que, habiendo dado como válida la afirmación anterior, no tendríamos por qué concluir de la misma manera que todo el que hace fotos o tiene por oficio hacerlas es fotógrafo. Y si la cosa no funciona en ambas direcciones, eso es que son cosas diferentes en realidad. Me explico (o lo intento, al menos).

Mal que me pese reconocerlo no sabría decir exáctamente cuándo dejé de ser un ilusionado proyecto de fotógrafo sin ninguna prisa en llegar a nada para pasar a convertirme en un tipo bastante cascarrabias e impaciente que se dedicaba a hacer fotos. Pero desgraciadamente, ha pasado. […] Y aquí es donde me quedo un buen rato mirando la última frase que acabo de escribir y me pregunto si de verdad quiero publicarla o no. A fin de cuentas, no deja de ser algo que llevo intentando rechazar de forma más o menos inconsciente (pero rotunda) desde hace mucho tiempo pero que en realidad no ha dejado de reconcomerme por dentro los últimos años.

Cuando empecé con esto de la fotografía me marqué unas líneas rojas, repetí e interioricé una serie de mantras y me impuse una serie de pautas que me prometí no olvidar nunca. Líneas, mantras y pautas que se han ido quedando por el camino hasta encontrarme con que había dejado de ser fotógrafo y me había transformado en un tío que hacía fotos. Podría intentar justificarme echando balones fuera pero, en realidad, no es culpa de nadie; sólo mía por no haber sabido gestionar las prioridades que yo mismo me había marcado cuando empecé a aceptar trabajos de fotografía.

Siempre visto a través de un pentaprisma personal y simplificándolo todo mucho, no deja de ser más que una sencilla cuestión de Voz. Uno es fotógrafo cuando usa su propia Voz (activa) para contar las historias que se le ponen a tiro y es un tipo (más o menos resolutivo y resultón) que hace fotos cuando usa su voz (pasiva) para contar historias de otros para otros. Aunque no tiene por qué ser así siempre, llegas a ser voz de otros cuando a esos otros les gusta tu Voz y tu forma de contar historias y quieren usarla para contar las suyas. Y pagarte por ello. Acostumbrado a que ser yo el que iba a buscar las historias y a gastarme el dinero a fondo perdido en ir a donde estaban y medir la rentabilidad en visitas, de repente las historias venían a mí y/o me pagaban para que yo fuera a ellas… Se me abrieron los cielos con toda la cohorte celestial tocando trompetas la primera vez que pasó esto. O algo parecido. No, ahí todavía no dejas de ser fotógrafo pero empiezas a ser esa persona a la que llaman para hacer fotos (aunque ellos se sigan dirigiendo a ti como el fotógrafo).

Uno de los mantras que me he repetido hasta la saciedad y que tenía grabado a fuego era el de hago fotos a cosas que no me motivan para ganar dinero para poder fotografiar las que sí que lo hacen. Una, en mi opinión, más que noble justificación que nunca he dejado de tener presente y que poco a poco se ha ido convirtiendo en el más grande de mis motivos de frustración. Porque, poco a poco, el hacer fotos ha ido ganando terreno al ir a fotografiar y se ha ido apropiando del motivo/excusa para llevar conmigo la cámara, que antes no existía y me acompañaba siempre, y con la que ya apenas mantenía conversaciones fuera de los trabajos que me iban saliendo. Aunque intentara forzarme a ello. Pero no es algo que haya que forzar. Había perdido mi Voz, empezaba a acomodarme y mi trabajo empezaba a ser más complaciente con lo que el cliente pedía y, por lo tanto, menos honesto con mi fotografía (y conmigo mismo). De pronto me encontré en un punto en el que me daba más miedo continuar sabiendo hacia dónde me dirigía que desandar todo el camino y buscar otro nuevo que no sabía a dónde me llevaría.

¿Y entonces? Desde el año pasado decidí que eso no podía seguir así, que debía volver a recuperar mi Voz (activa), disfrutar e intentar volver a ser honesto en mi fotografía contando historias que a mí me apetecieran, sin preocuparme por el rendimiento que pudiera obtener de ellas, sólo por el mero hecho de creer que merece la pena contarlas. A las 23.59h del 31 de diciembre rompí con todos mis clientes (no sin previo aviso y dejando bien cerrados todos los trabajos que tenía en marcha con ellos, obviamente) y volví a poner mi contador a cero. Desde entonces, he retomado muchos proyectos que tenía abandonados, recuperado historias que dejé a medio contar, recobrado la motivación para aprender cosas nuevas y reactivado esa parte de mi cerebro que se había quedado anestesiada y que cada día me lanza un par de ideas de ésas que me ponen las pilas y engordan la libreta de cosas que quiero contar, ésa que llevaba años sin abrir. El tiempo dirá si recupero mi Voz (activa) o si me quedaré con una afonía crónica.

 

Puntúa esta entrada
Puntuación de los lectores 24 Votos
7.6