Adios DSLR, hola EVIL

Cuando el grueso de tu trabajo consiste en viajar con la cámara a cuestas, aprendes a valorar cualquier reducción de peso o volumen en tu equipaje. Ya ni os cuento lo que es eso si además intentas reducir al máximo las esperas en los aeropuertos y tu intención es viajar llevando únicamente el bulto de mano. Obviamente, al menos a mí, siempre me ha resultado bastante complicado hacer que ropa y equipo fotográfico cohabitaran en los 55x40x20 cm permitidos y sin exceder los 10 kg de peso. Al final siempre terminaba metiendo en la mochila de la cámara un par de mudas de repuesto, otras tantas camisetas enrolladas y una vela para encenderle a San Apapucio para que nada le pasara a los pantalones durante el viaje…

A esa tensión pre-viaje, había que añadirle la que sufría la espalda después de tener que andar soportando ese peso en jornadas maratonianas en las que se pasa más del 80% del tiempo de pie o de cuclillas. Normal que, al acabar el día y quitarme de encima la mochila, me sintiera más alumno de Mutenroshi que fotógrafo.

Sin embargo, reducir los motivos de mi reciente cambio de DSLR a EVIL a peso y volumen sería quedarme a medias. La, en mi opinión, dudosa política de actualizaciones mediocres de su catálogo, más pensando en el beneficio que en la mejora real del producto, Por peso, por volumen y por una (para mí) dudosa política de actualizaciones, tenía claro que no quería seguir con las DSLR de Canon.y las constantes decepciones con el rendimiento de objetivos de la, en teoría, gama profesional, me tenían desde hace ya tiempo con las miras puestas fuera de Canon pero sin tener muy claro hacia dónde mirar. Hasta hace un año.

Pero todo esto podría haber tenido un pase si no fuera por el punto que más me molestaba: prácticamente ya no salía a hacer fotos. Uno de los riesgos de hacer de tu afición una profesión es que, si no tienes cuidado y no pones los medios para impedirlo (me apunto este tema para un futuro post), puedes acabar perdiendo paulatinamente la motivación sin darte cuenta. Y que cada vez asociara más el hecho de salir a hacer fotos con acabar con la espalda doblada, no ayudaba mucho, la verdad.

PUNTOS DE INFLEXIÓN

Hace poco más de un año, me propusieron ser fotógrafo del Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara) y el pánico que me entró ante la posibilidad de que se llenara de mierda el sensor de mi DSLR al cambiar de objetivo en medio del desierto me hizo ponerme las pilas y empezar a buscar la posibilidad de hacerme con un segundo cuerpo. La opción sin espejo me atraía mucho pero no las había vuelto a probar desde la Lumix GF1 de Panasonic, que vendí apenas compré porque no me acabó de convencer. Así que me puse manos al Twitter y un rápido sondeo puso a la A6000 de Sony a la cabeza de las cámaras con mejor relación calidad-precio del momento. Además, el bueno de Jesús se ofreció a prestarme su NEX-5 durante el festival para que me hiciera una idea de cómo funcionaban las sin espejo de Sony y pudiera decidir si era lo que buscaba o no. Desgraciadamente, el primer día de trabajo se me escurrió entre los dedos al mezclarse el sudor de las manos con la crema solar y se estropeó el objetivo con el que me la dejó pero las pruebas que había podido hacer unos días antes me habían dejado muy buen sabor de boca, así que me lancé a comprar la A6000 nada más regresar del Sáhara… Y un objetivo de repuesto para Jesús.

Curiosamente, aquel FiSahara y el de este año marcaron sendos puntos de inflexión. En el primero redescubrí las cámaras EVIL y en el de este año fue el primero en el que me acababa de deshacer de mi equipo DSLR. Durante este año de transición, he compatibilizado ambos equipos de manera profesional e incluso he llegado a cubrir varios eventos sólo con la A6000 (el FiSahara de este año lo he cubierto sólo con ella) sin que ni el cliente ni yo notara un empeoramiento en el resultado final. La A6000 se ha convertido en mi acompañante del día a día y vuelvo a ir con cámara a todas partes.Es más, en mi caso gané en agilidad al llevar WiFi incorporado en la cámara y poder enviar fotos a redes sociales y medios a través del móvil prácticamente al momento de hacerlas, sin necesidad de cargar con el portátil. Y lo estaba haciendo con un equipo que apenas pesaba un par de kilos y que, en su conjunto, valía bastante menos que el cuerpo de la DSLR que, por continuidad, me hubiera tocado comprar de haber seguido con Canon.

Llegado a este punto sabía que no quería seguir con mi equipo DSLR pero también que la A6000 se me iba a quedar corta en otro tipo de trabajos; necesitaba un sensor fullframe y mejores prestaciones para vídeo. No hay mucho donde elegir en cámaras sin espejo de fotograma completo: o una Leica M o una de las de la gama A7 de Sony. A una Leica tenía más que claro que no me iba a ir, así que no quedaba otra que ir a por una A7… Pero, aún así, no fue un paso fácil de dar. Dejar atrás lo malo, pero con lo que hacías tu trabajo perfectamente, conocido es difícil si no estás seguro de que lo que está por conocer va a ser, como poco, igual. Por fortuna, tuve la suerte de que Sony España recogiera mi órdago en Twitter y aceptara dejarme una A7II unos días para que la probara y saliera de dudas, aunque lo que finalmente hizo que me decantara por ella fue la autoconvicción de que no podía ser que una gama superior tuviera un rendimiento inferior al excepcional de la A6000.

LUCES Y SOMBRAS

Si bien a nivel de fotografía el resultado que he obtenido de la A7II hasta el momento es muy bueno y los objetivos Zeiss rinden de manera más que notable, aún le queda probarse en muchas situaciones en las que trabajaba con la 5DMkII (sobre todo a nivel de vídeo) para ver si lo bueno por conocer hace olvidar lo malo conocido. Por ponerle una pega en mi corta experiencia con ella, la navegación por los menús es bastante mejorable y la configuración de la cámara y los controles no es todo lo completa que podría llegar a ser sin, creo yo, demasiada dificultad… Aunque también supongo que todo es cuestión de acostumbrarse.

De entrada, y ya sólo por esto ha merecido la pena comprarla, la A6000 se ha convertido en mi acompañante del día a día, le he disfrutado como un enano en los viajes al ser cómoda de llevar y, en definitiva, vuelvo a ir con cámara a todas partes (el fotoblog ha sido el que más lo ha agradecido) y la A7II se perfila como su sustituta en cuanto finalmente lleguen los objetivos fuera de stock(!) que están llamados a acompañarla. A esto hay que sumarle lo divertido (divertidísimo) que está resultando combinar ambos cuerpos con objetivos manuales antiguos gracias al asistente de enfoque manual.

De lo que depare su uso a nivel profesional, os lo contaré en un par de meses…

 

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