Pantallazo azul

Pocas cosas me causan más desconcierto que cambiar de un pantalón de cremallera a uno de botones (y viceversa). Pasan uno o dos días antes de que deje de buscar el tirador de la cremallera o de amagar el desabotonado al que me tenía acostumbrado mi bragueta de diario (y viceversa). Partiendo de esa base, os podéis hacer una idea de lo que puede suponer para mí lidiar con un cambio ciudad de residencia, dinámica de trabajo (ahora se dice workflow, creo), hábitos fotográficos o marca de papel higiénico. Creo que no hace falta mucha imaginación para darse cuenta de que, cuando se me junta todo, puedo llegar a ser tan versátil como un PC con pantallazo azul.

Independientemente de todo el trastorno que me ha podido ocasionar adaptarme a la batería de cambios con la que me he encontrado, también se me ha juntado un inicio de año muy viajero que me ha no me ha dejado sentarme con calma a actualizar el fotoblog, ordenar una serie de posts que venía madurando, arrancar algunas ideas o dar continuidad a otras que ya tenía en marcha (¡pronto sabréis más de #2Kzurro o del #camfunding!).

Por otra parte, siempre he odiado los posts de excusa por no escribir posts después de mucho tiempo porque no aportan nada y las excusas hay que dejarlas para los momentos de gatillazo, así que voy a hacer un ejercicio de falsa coherencia dejándolo aquí.

P.D.: Según estaba escribiendo este post, se me ha caído media taza de café con leche en el pantalón -de cremallera- y creo que el que he metido de repuesto en la maleta es de botones…

 

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