El don de la ubicuidad

Creo que es interesante refrescar un par de conceptos básicos antes de de empezar con el post. Por un lado tenemos que la R.A.E. define ubicuidad como: “adj. Dicho principalmente de Dios: Que está presente a un mismo tiempo en todas partes”. Por otro lado no está de más recordar que un silogismo es “una forma de razonamiento deductivo que consta de dos proposiciones como premisas y otra como conclusión, siendo la última una inferencia necesariamente deductiva de las otras dos” (podéis profundizar más en ello en la Wikipedia). Y, ya por último, vamos a recordar al bueno de Pero Grullo con el axioma de la transitividad, que dice que si A y B son iguales (A=B) y B y C son iguales (B=C), entonces A y C son iguales también (A=C). Y ya tenemos todos más o menos claro lo que son ubicuidad, silogismo y transitividad.

Le yo en el autobús de camino a Valladolid cuando una alerta salvaje de Google apareció en mi teléfono. Terra (¡todavía existe!) y Granada Digital me citaban en sendas noticias bajo el mismo título: “Profesionales apuestan por el crowdfunding para editar las fotografías”. A pesar del desprósito que ya era de por sí aquel titular, tampoco había mucho mejor que hacer, así que abrí el primer enlace y leí ojiplático todo lo que decía aquella noticia. Y luego otra vez. Y una tercera para confirmar. Ahí me veía yo, sólo ante el peligro, en la mesa redonda del Al Andaluz; hablando para un auditorio entre el que debía encontrarse la redactora de la agencia EFE sobre crowdfunding con una autoridad que sólo podía conferirme el hecho de de ser, como dejaba bien claro la noticia, un experto en la materia. Una noticia que no hubiera tenido ninguna historia de no ser por un pequeño detalle: yo no estuve ahí… Aunque Ideal, Terra, Granada Digital, Ser Granada, El Confidencial y Canarias 7 (que yo haya visto) digan que sí.

UN EJERCICIO DE LÓGICA

Intenté analizar los hechos. Yo juraría que el domingo lo pasé en casa, jugando a la xBox y viendo alguna película pero, joder, era nada menos que la agencia EFE la que firmaba la noticia. Y si algo se encuentra uno de bruces cuando entra en la web de la Agencia EFE es un lapidario: “la primera agencia de noticias en español y la cuarta del mundo, con más de setenta años de trayectoria que avalan su imparcialidad, su potencia, su credibilidad y su inmediatez”. Y era inútil tratar de engañarme; por más que me esforzara, mis taitantos años con alguna mentirijilla (piadosa, siempre piadosa) en su historial no podían competir con sus más de setenta años de “imparcialidad, potencia y credibilidad”. ¿Entonces? Entonces vino a mi rescate, como una centella, una cita de Sherlock Holmes: “cuando eliminas toda solución logica a un problema, lo ilogico aunque imposible es invariablemente lo cierto”. Y me lancé a ello. Pongamos que estuve en casa y en la mesa redonda al mismo tiempo… No podía ser de otra forma, no cabía otra explicación: debía tener el don de la ubicuidad. Y el don de la ubicuidad es sólo atribuible a un dios. Por lo tanto, aplicando la propiedad transitiva… ¡Joder! ¡Que yo debía ser un dios!

Lo más cómodo hubiera sido no pensar más, abandonarme a la deificación e intentar sacarle una rentabilidad creando una religión o similar. Y no digo que no fuera una idea tentadora… Hasta que me puse a pensar que habría que buscar un local, mirar el tema de las subvenciones, las ventajas fiscales, pensar un logotipo, escribir qué mínimo que un decálogo, establecer una jerarquía, buscar un dircom, un negro para mi autobiografía… Mucho tomate. Así que, antes de ponerme a ello, me propuse obrar un milagro sin pretensiones, uno amateur. Y desée que Rajoy apareciera sin barba en los informativos de las nueve. Lo deseé, en serio… ¡Hasta apreté los ojos! Pero no salió. No quedaba otra: había llegado el momento de asumir que, tollendo tollens, yo no era un dios.

COROLARIO

Así pues, por reducción al absurdo, quedaba una única posibilidad: la noticia debía ser falsa. Y, efecitvamente, lo es. De principio a fin. Pura ficción.

Fuera ya de lo anecdótico de todo esto, la pregunta que toca plantearse ahora es: ¿Cómo es posible que una agencia de noticias que cobra a sus suscriptores por proveerles de noticias y que se jacta de ser “potente, creíble e inmediata” publicara una noticia completamente inventada, con la desfachatez de entrecomillar frases que nunca se dijeron de alguien que nunca estuvo presente en lo que se describe? Es más, hasta donde yo me conozco, no sólo no he participado nunca en ningún foro de crowdfunding sino que tampoco he recibido financiación de ningún tipo (si descontamos la de mis sufridos padres) para llevar a cabo ninguno de mis reportajes, ni conozco aún mi faceta audiovisual. Y yendo un poco más allá, creo que tampoco es descabellado pensar que ésta no es la primera vez que ocurre algo parecido.

Desgraciadamente, @EFEnoticias (que se usa a modo de RSS), EFE España y EFE Granada han optado por dar la callada por respuesta y no han querido contestar a mi petición de explicaciones o atreverse con un campechano “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”. Las disculpas poco me preocupan porque tampoco las iba a aceptar pero sí que me jode que no haya una intención de explicar lo que ha pasado. Porque, como periodista que intenté ser hace tiempo, creo que ejercer esa profesión es un privilegio. Uno de esos privilegios que viene acompañado de una enorme responsabilidad (y en una agencia como EFE, doble) y que exige una profesionalidad que aquí brillan por su ausencia y que deben estar por encima de todo. Incluso en noticias sin trascendencia como ésta, sí. Una pena. Una vergüenza.

Y sobre todo lo siento por Antonio Casas, Salvador Salva, Yass Amrani, Rafa Manzano y David Simon Martret, que sí que estuvieron ahí y seguro que dijeron cosas mucho más interesantes que las que se han querido inventar en EFE.

 

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