No deja de ser irónico que lo más complicado de impartir un taller de fotografía -al menos para mí- sea buscarle el enfoque adecuado. Y -muy a mi pesar- parece ser que, como los copos de nieve, no hay dos enfoques iguales. A quién se lo vas a dar, a cuántos se lo vas a dar, por/para qué se lo vas a dar, dónde se lo vas a dar, cuándo se lo vas a dar, qué edad tienen, qué tipo de cámaras van a usar… En fin, un nutrido número de variables que hace que conseguir un grupo homogéneo en el que recurrir a lo que ya usaste en un taller anterior sea prácticamente una entelequia. Tampoco es algo que me moleste; de hecho es algo que agradezco bastante porque me ayuda a buscar otras maneras de entender lo que quiero o me gustaría explicar en cada uno de los talleres que voy dando y de entender yo mismo qué es lo que busco en la fotografía. Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

El enfoque, que me lío. Se podría decir que el quebradero de cabeza de Paco y mío antes de empezar el taller de fotografía del #camfunding era todo este tema del enfoque. ¿Cómo enfocar un taller de fotografía para chavales/as de 12-16 años, que no lo han pedido y que, en su mayoría, ni siquiera tienen cámara de fotos? Aunque dejamos mucho a la improvisación hasta conocer al grupo, apostamos por buscar algo en lo que ellos fueran netamente superiores a nosotros -bueno, les dejamos que se lo creyeran- y partimos de un tipo de fotografía con la que ellos convivían prácticamente a diario: la fotografía en movimiento. Películas, series, publicidad y videojuegos; la idea era que entendieran que no tendrían que esforzarse en aprender nada que no supieran ya: cómo se cuenta una historia en imágenes. Para hacerlo más fácil, Paco se curró un vídeo en el que se veían los elementos básicos comunes y respetados en prácticamente todo lo audiovisual. Después recurrimos a Internet para enseñarles revistas, fotorreportajes y cómics en los que no había rastro de sonido ni movimiento pero en los que se mantenían esos conceptos básicos y seguía intacto el meollo: se contaba una historia. Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

El enfoque. Sigo con el enfoque. Obviamente, si hay algo que no le gusta a un público de las edades con la que estamos trabajando es que le suelten la chapa o que se le obliguen a hablar, así que hemos intentado alternar las partes teóricas con las prácticas para hacerlo más llevadero e ir rompiendo el hielo. Y de paso familiarizarse con las cámaras -vuestras cámaras- y empezar a verlas como una herramienta más para contar historias. ¿Que además podemos divertirnos con ello? Pues mira, es que si no nos divertimos con una actividad extraescolar y voluntaria, apaga y vámonos… Para muestra un botón: el vídeo del juego y la sesión de saltos que les planteamos el otro para que vieran qué pasa cuando empieza a haber poca luz y la gente se mueve. Las fotos con las que se cierra el vídeo son algunas de las que hicieron en la sesión de saltos.

No voy a marear más la perdiz en este post. Aún nos queda mucho taller por delante y muchos ajustes de enfoque que hacer según vayan apareciendo backfocus o frontfocus que lo requieran. Lo importante es que tenemos claro lo que nos gustaría que sacaran en limpio de este taller al terminarlo: que la fotografía es otra forma más de diversión. Ése es el punto de enfoque común que buscamos. Y en ello estamos. Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Muchas gracias a Chema, Laura, Luisa, Lourdes, Pablo, Norberto, Paula, Alfredo, Dani, Mariví, Muriel, Meritxel, Manolo, Joaquín, Leticia, Alejandra y Julián (espero no haberme olvidado de nadie) por habernos hecho llegar sus cámaras y tarjetas de memoria sin preguntas ni condiciones. Sin ellos, este taller no hubiera sido posible.

¿Se anima alguien más a hacer #camfunding?

 

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