Teoría de la relatividad

Seguro que todos conocéis a Andrés. Andrés es un funcionario de grupo C casado con Manuela (a quien posiblemente también conozcáis si conocéis a Andrés), con dos hijos -Julia y Pablo- y una hipoteca de ésas a las que todavía le colean unos 20 años. Dejó de fumar durante el embarazo de su primogénita, le gusta salir de tapas, la caña de cerveza bien tirada y la fotografía. Aunque, si le preguntaras, no te sabría decir muy bien en qué orden. A la fotografía llegó de la misma manera que las tapas y a las cañas: por su cuñado Luís. Tampoco vamos a entrar en detalles. El caso es que Andrés ha terminado con una réflex digital en la mochila y una interesante batería de objetivos para alguien que se dedica a ello de forma amateur.

Andrés tiene cuenta pro en Flickr, página en Facebook, una cuenta de twitter de la que se cansó al décimo tuit, da sus primeros pasos por 500px, actualiza -cuando se acuerda- un Blogger con la plantilla de serie y participa activamente en un foro de fotografía marquista y en otros dos generalistas. Se puede decir que se ha hecho su huequecito en la red y que muchos aficionados a la fotografía te contestarían con un “no le conozco pero sé quién es” si empiezas a hablar de él.

Hace unos días le pasó algo perturbador en la sala de espera del pediatra. Le pasó un “¡Mira, papi, somos Pablo y yo!”. Le pasó un cartel. Un cartel de las ‘Primeras Jornadas Regionales sobre Pediatría y Psicología Infantil’. Un cartel que protagonizaba una foto que les había hecho a sus dos hijos en unos columpios durante las vacaciones de verano pasadas y por la que nadie le había escrito pidiendo permiso de uso. Como antes que fototógrafo Andrés es padre, hizo una foto con la cámara del móvil al cartel y esperó pacientemente a que les recibiera el pediatra, escuchó atentamente lo que le comentó sobre la tos de Julia y volvió con ella a casa con el jarabe que le habían recetado.

Como no podía ser de otra forma, la indignación fue generalizada. La subida de la foto del cartel a Flickr, Facebook y foros hizo que muchos empatizaran y se hicieran eco del robo en sus perfiles. Casi inmediatamente, se generó una avalancha de comentarios criminalizando la utilización sin permiso de una fotografía en la que, además, aparecían menores, apoyándole, animándole a denunciar a los responsables, aconsejándole cuánto pedir y cómo proceder… Bueno, y los de un par de graciosillos diciéndole que la foto estaba desenfocada y torcida. A partir de ahí todo fue relativamente rápido. Un email a la dirección que figuraba en el pie del cartel, una respuesta poco educada, un burofax al servicio regional de salud, una disculpa insuficiente, un bufete de abogados de los de a porcentaje y, finalmente, un acuerdo económico satisfactorio para ambas partes.

Andrés reculó al ver la cara de Manuela cuando insinuó que podría aprovechar ese dinero para renovar su equipo fotográfico. Quizá la foto fuera suya pero era indiscutible que los hijos eran de ambos. Así que cambió de estrategia y propuso hacer uno de esos viajes que llevaban tiempo soñando hacer pero que nunca habían podido consumar. Y se fueron a un safari de 9 días a Senegal.

Pasó algo más de un mes desde que volvieron del safari antes de que Andrés pudiera ponerse a ver la cosecha que se había traído en los cerca 34 gigas de memoria que había llenado de fotos. Ni que decir tiene que sus fotos tuvieron mucho éxito en su Flickr. Con una de ellas se alzó orgulloso con el galardón de foto del mes del foro marquista en el que participaba y con otro par se hizo con sendas menciones a mejor foto de la semana en dos grupos de Flickr por los que se dejaba caer a menudo. Habría sido de locos no haber enviado alguna de esas fotos a concurso, así que al primero que vio con una dotación económica interesante, a ése que las envió.

Cuatro meses después, Andrés recogía con una sonrisa de oreja a oreja el segundo premio de fotografía -organizado por una obra social que ahora no viene al caso- y posaba satisfecho con un jugoso cheque de cartón-pluma -que iba a suponer, ahora sí, una cámara de fotos nueva- junto a la foto premiada; la de los dos niños senegaleses que se divertían columpiándose dentro de un neumático usado colgado a la rama de un árbol con una soga.

 

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