Glasgow: fotografía callejera y pintas de cerveza

Un anciano de unos ochenta y tantos muy mal llevados y que apenas le quedaba movilidad para cambiar el gesto de la cara se acercó en su silla de ruedas motorizada a la barra y emitió un par de sonidos guturales ininteligibles. Por un momentó me hizo dudar de si se me habían antojado ininteligibles porque realmente lo eran o porque el acento escocés iba a ser tan particular como me habían advertido que era. Sea como sea, debía ser conocido del muchacho que estaba detrás de la barra porque enseguida le sonrió y le hizo un gesto con la mano para marcarle un dos al que el buen anciano contestó devolviéndole otro sonido gutural acompañado de un tambaleante brazo que se levantó -en lo que a mí me pareció un esfuerzo titánico- para que su mano pudiera indicarle que quería tres medidas, no dos ¿Gin?, le pregunta el muchacho. Asentimiento y nuevo sonido indescifrable. Se lo llevo a la mesa, concluyó el barman mientras el anciano manejaba habilmente el joystick para llevar la silla a una de las mesas libres que había al fondo del local. Eran las nueve de la mañana y en la tele William esperaba a la Middleton a las puertas de Westminster. Si son así los que van en silla de ruedas, pensé, habrá que ver cómo son a los que se tienen en pie. No pasarían muchas horas antes de que lo averiguara.

Lo malo de volar low cost no es tener que ceñirte a 15 kilos de equipaje dentro de 55x40x20 cm, ni no tener asientos numerados, ni las azafatas low beauty, ni tener que escuchar promociones duty free o anuncios de rasca y gana cada hora. No. Para los que somos alérgicos a madrugar, no hay nada peor que no disponer de flexibilidad de horarios y encontrarte saliendo de camino al aeropuerto a las cuatro y media de la mañana. Pero bueno, como decía mi abuela, “sarna con gusto no pica” y es algo a lo que te puedes adaptar cuando tu criterio a la hora de seleccionar el destino es el de “el más barato”.

Llegamos a Glasgow (Prestwick) a las ocho y media sin más incidencia que la de que nuestra maleta estaba esperándonos en la cinta de equipajes en vez de nosotros a ella. Desde el aeropuerto de Prestwick hay 45 minutos en tren a la estación de Glasgow Central y, como no habíamos comido nada desde las cuatro y media de la mañana, lo primero que hicimos fue meternos un english breakfast entre pecho y espalda en el aeropuerto. Aunque acababa de ser testigo de la escena del anciano y la ginebra y de que parecía ser lo normal, al menos por lo que se veía en el resto de las mesas, he de reconocer que fui incapaz de acompañarlo con una pinta de cerveza a esas horas, echando por la borda la máxima “donde fueres haz lo que vieres” sin que hubiera pasado ni una hora desde que tomamos tierra.

GLASGOW PARA FOTOGRAFOS

No creo que se pueda definir Glasgow como una ciudad bonita pero sí con mucha personalidad y, en mi opinión, con mucho encanto. Uno de sus puntos fuertes es que no es una ciudad turísitica y eso es algo que notas nada más llegas a Central Station. Estábamos enfilando la salida de la estación cuando nos abordó un chavalillo de 15-16 años, muy sonriente, que nos vió con las cámaras al hombro e insistió en que nos hiciéramos una foto con él y me dio su nombre para que la subiéramos a Facebook y le etiquetáramos. Sin más. Porque sí. Como si se hubiera cruzado con un grupo famoso. Después se paró a hablar un rato para preguntar de dónde veníamos, de qué équipo de fútbol éramos y para qué estábamos en Glasgow. No fue un caso aislado y las situaciones derivadas de las conversaciones con acento español versus acento escocés fueron de lo más pintorescas. Gente muy amistosa la de Glasgow.

Mi primer impulso nada más salir de Central Station fue el de olvidarme de la maleta, empuñar la cámara y ponerme a hacer fotos a todo el que pasara por delante. La luz estaba fantástica y el escenario era prácticamente perfecto para hacer fotografía callejera. Sin embargo, optamos por quitarnos peso de encima y fuimos directos al hostel. Por si a alguien le interesa, nos alojamos en un Euro Hostel, a dos minutos de Central Station y frente al monumento a Dolores Ibárruri, por algo menos de 30€ por persona y noche con desayuno incluído.

Para hacer fotos en Glasgow (y supongo que esto se puede extrapolar a toda Escocia) es interesante saber dos cosas: a qué hora sale el sol y a qué hora se pone porque la luz de las 3-4 horas posteriores al amanecer y previas al atardecer es una auténtica delicia. Pasear por las calles del centro de Glasgow que van paralelas al río -de este a oeste, prácticamente- a esas horas es un gozo constante para el ojo y para el obturador. Luego ya es que te montes tú las rutas en función de lo que te apetezca ver. La Catedral y la Necrópolis bien merecen el paseo, lo mismo que el que lleva al núcleo universitario o el que remonta el río hasta el núcleo de arquitectura moderna, con epicentro en el Science Centre y la Glasgow Tower. Pero si queremos algo más urbanita, siempre podemos disfrutar del bullicio de Buchanan Street -considerada ejemplo de urbanización de paseo comercial y el mejor destino para hacer compras de Inglaterra después de Londres- y sus calles adyacentes o, cómo no, descansar tomando una pinta y reponiendo fuerzas en alguno de sus múltiples pubs.

Glasgow es, también, una excelente base de operaciones. Desde Central Station y Queen Street Station hay trenes a prácticamente cualquier punto de Escocia con horarios para todos los gustos. Nosotros optamos por acercarnos a Edimburgo -creo que fueron 12£ ida y vuelta- para pasar uno de los días aprovechando la coyuntura. Pero ésa es otra historia que será contada en otra ocasión.

PUBS

Los escoceses de Glasgow van rapados, beben cerveza desde que sale el sol y lucen, como mínimo, un tatuaje en un brazo o una pierna. Las escocesas son coloristas y prefieren pasear con cara de frío a dejar pasar la oportunidad de lucir sus pálidas carnes en cuanto ven lucir el mínimo rayo de sol. Y tanto ellos como ellas me dieron la impresión de ser bastante amigables (con extra de cordialidad según se iba acercando la hora de cierre de los pubs). Aunque sin ningún estudio en el que apoyarme más que el que me proporcionó la endeble experiencia que puede dar pasar un par de días allí, fueron los perfiles con los que me volví de allí. La muestra de población fue extraída, por supuesto, de los Pubs. Así, con P mayúscula.

Lo más grande de Glasgow son sus pubs. Aunque tampoco es que nos diera tiempo a ver muchos, de entrada sí que me parecieron mejor opción comer/cenar -¡ojo a los horarios de cocina!- en uno de ellos que en un restaurante, si bien la comida no brilla especialmente por su variedad. De todos los que probé durante esos tres días me quedo con las hamburguesas home-made del ‘Sloans‘ -que presume de ser el pub más antiguo de Glasgow- o con la música del ‘Maggie May’s‘. Eso sí, un plato y una pinta no van a bajar de las 10£ y es posible que te quedes con hambre, así que acercarse a un supermercado (había un ‘Tesco‘ junto al hostel) y llenar una bolsa de comida para matar el gusanillo entre horas no es mala idea.

Y, ya por la noche, imprescindible echar una pinta o un scotch en ‘The Clutha‘ -en Bridgegate- o en ‘The Scotia‘ -en Stockwell street- que suelen amenizar sus veladas con conciertos casi todos los días o si no, es más que posible que te encuentres con que son los propios parroquianos los que se encarguen de improvisar uno según vaya acercándose la hora de cierre (que suele ser a las 0:00 h en el caso de los pubs). Si quieres triunfar y empatizar con ellos, empóllate bien la relación que han tenidos el Celtic y los Rangers con los equipos de fútbol españoles en los últimos 10-15 años.

DESPEDIDA Y CIERRE

Para volver nos encontramos de nuevo con un madrugón. El primer tren llegaba a Prestwick a las 6:45 y nuestro vuelvo salía a las 7:25 y con ese margen tan estrecho tuvimos que optar por coger el autobús que salía de la estación de autobuses de Buchanan street a las 4:30. A duermevela llegamos al aeropuerto y se nos ocurre cambiar nuestras últimas libras a euros en la oficina de cambio del aeropuerto. Si la venta estaba a 1,2€/£, descubrimos escandalizados que la compra está a prácticamente 1€/£, así que es mejor esperar a llegar a España para cambiarlas. English breakfast de despedida para hacer tiempo hasta el embarque y de vuelta a España.

<ironía ON>Aquel viaje pude dormir en el avión. Vivíamos en un mundo más seguro</ironía OFF>. Un WiFi abierto en la estación de autobuses me había colado varios tweets en el móvil que me revelaron que Bin Landen había sido abatido por fuerzas especiales de los EE.UU apenas unas horas antes.

Gracias a Javier, Jorge, Muriel y Ximo por la insuperable compañía.

 

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