Apuntes de pretecnología

Por aquel entonces todavía se celebraban los cumpleaños repartiendo en clase las ahora políticamente incorrectas bolsas de caramelos e invitando a tu grupo de amigos del patio del colegio a ir a tu casa para corretear, gritar y proceder al intercambio de regalos por una, también ahora políticamente incorrecta, merienda a base de ganchitos, patatas, mediasnoches de salchichón, chorizo y mortadela y refrescos carbonatados; de esos que antes te hacían gracia por los eructos que provocaban y ahora por sus cruzadas por la felicidad, el optimismo y la paz mundial. El caso es que era habitual ver en las casas de mis amigos, colgados en la pared o orgullosamente exhibidos en mesillas, aparadores o encimeras de cocina, las manualidades que nos tocaba trabajar cada trimestre en las clases de pretecnología. En mi casa no. Las mías solían terminar con un aprobado raspado en el boletín de notas y detrás de una puerta o debajo de las faldas de una mesa camilla, cuando no en la primera bolsa de basura de camino al vertedero. Pero, contrario a lo que pueda parecer, lejos de traumatizarme, me producía alivio ver cómo se hacía justicia con aquellas monstruosidades. Después de pasar tres meses escuchando el agudo estertor final de cientos de pelos de sierra marquetera, de ver cómo crecía mi estadística de clavos que entraban doblados y/o torcidos sobre la media de la clase o de descubrir que yo era el único con un imán en el dedo índice de la mano izquierda capaz de atraer cualquier objeto cortante que utilizara mi mano derecha… Después de eso sentía un alivio inimaginable al ver que mis padres no se sentían obligados a apoyar mi faceta artística exhibiendo mis chapuces. Más de 25 años después, mi relación con la pretecnología sigue igual.

¿Y a qué viene todo esto? Seguro que los más avispados os estaréis preguntando a dónde quiero llegar. Ahora mismo yo también. A lío: todos estos rudimentos que me intentaron inculcar de pequeño bajo el nombre de pretecnología fueron, en su día, la base tecnológica sobre la que empezamos a recorrer el camino que nos ha llevado a la tecnología actual. Así que creo que no sería muy osado aventurar que, si demostramos la inteligencia necesaria para mantener la especie unos miles de años más (de lo que tengo serias dudas), futuras generaciones aprenderán pretecnología montando modelos basados en los que ahora consideramos lo último de lo último (veremos si para ese entonces la especie ha evolucionado lo suficiente como para erradicar el cutter). Pues bien, al hilo de todo esto, hace unos días alguien me preguntó que cómo creía yo que serían las cámaras de foto en el futuro y yo me desmarqué contestando que me preocupaba más el cuánto (precio) que el cómo. Sin más. Pero semanas después, en uno de estos largos viajes en coche que me toca hacer de vez en cuando, me volvió la pregunta a la cabeza y me pasé casi 700 kilómetros dándole vueltas. Obviamente, soy consciente de que dificilmente puedes aspirar a algo en postecnología si no eres bueno en pretecnología y menos cuando estamos hablando del futuro de la pretecnología… Pero aún así, aunque sólo sea por la compañía que me hizo la pregunta en aquel viaje, me prometí un post que sería gracioso releer dentro 10-15 años para ver cuánto del Verne que leía de niño se quedó en mi interior.

¡ASÍ SERÁ!… O NO

Sería absurdo no partir de la base de que los componentes serán cada vez más pequeños y potentes. Pero, a pesar de eso, no creo que el tamaño/diseño de las cámaras (al menos las de gama alta) se vea muy afectado por eso de que lo vintage cada vez está más de moda y parece que se paga con más alegría. Así que, en el mismo espacio, habrá cabida para más y, en teoría, mejor.

Una opción que llevo diciendo años que deberían tener la cámaras réflex es la del GPS dentro del cuerpo y, por lo tanto, darnos la opción de incluir en nuestras fotos los datos de geolocalización. Los móviles lo llevan y algunas cámaras compactas también, así que se me antoja absurdo que la gama semiprofesional y/o la profesional tengan que pagar una pasta para acoplar accesorios que guarden las coordenadas en las que se disparó la foto en sus exif.

Otra opción que no se debería demorar más es la de integrar la conectividad inalámbrica. Es incomprensible que componentes habituales en dispositivos tan pequeños como un teléfono móvil (WiFi/Bluetooth/4G) no tengan cabida en los cuerpos de las cámaras para permitir su conexión a otros aparatos. Tampoco veo descabellado que esto lleve incluso a tener la opción de contratar tarifas planas de datos (tipo kindle) que permitan el envío de fotografías a suscriptores (medios de comunicación, agencias, blogs, redes sociales…) directamente desde la cámara y desde cualquier punto del globo (o de lo que quede de él).

¡Fuera botones! Al menos en la parte trasera, que sería prácticamente toda una pantalla táctil de unas 5” y con sistema operativo integrado para trabajar con una tablet vía WiFi o Bluetooth. Las marcas se comunicarán de forma nativa con sistemas operativos asociados diferentes (Canon parece que ya ha dado sus primeros pasos hacia una alianza con Apple que podría ir a más y quién sabe si Nikon podría responder acostándose con Android o Windows) por lo que las tablets se convertirán en la herramienta de campo para el procesado de fotos.

La grabación en FullHD se quedará pequeña y dará paso a la grabación en resolución 4K [4096 x 2160] o superior (ya se ha presentado algún prototipo) lo que, acompañado a tarjetas de memoria mucho más rápidas (¿quizá un disco duro SSD integrado?), permitirá que la cámara ya no dispare en ráfaga, sino que grabe un vídeo mientras dejemos el botón de disparo pulsado del que luego sacaremos el fotograma que más nos interese (estamos hablando de 60 frames de 8mpx por segundo a fecha de hoy).

En Microsiervos ya hablaron en su día de las cámaras polidióptricas, que permitirán definir/corregir el enfoque de una fotografía durante el postprocesado y, también se oye hablar por ahí sobre la posibilidad de que la profundidad de campo podría ser infinita.

Lo que sí que está claro es que el RAW evolucionará (no hacia un estándar, desgraciadamente) en todas las marcas y los softwares de procesado serán capaces de sacar más información de ellos, hasta el punto de permitirnos modificar todos los parámetros del RAW de la foto sin alterar la calidad de la misma.

De la misma forma, el ISO y el rango dinámico mejorarán con creces los del ojo humano y empezarán a denominar a los sensores nuevos con nombres como cat eye o owl eye y chorradas por el estilo pero que nos permitirán sacar a un gato negro metido dentro de una carbonera en plena noche.

Siguiendo esa tendencia a hacer que las cámaras se comporten como ojos, cámaras y objetivos incorporarán tecnología que imite la visión periférica para que nosotros podamos ajustar durante el procesado el encuadre, rescatando los datos extra recogidos alrededor de nuestra captura.

Y esto sería, a grandes rasgos, lo más realista de todo lo que se me pasó por la cabeza durante ese viaje. Al final he optado por ser conservador y ahorrarme las auténticas flipadas que se me ocurrieron pero ya me iré calentando y soltándolas según vaya leyendo las vuestras. Porque sí, porque ahora os toca mojaros a vosotros y decir cómo creéis que serán las cámaras de fotos de aquí a 10-15 años. Será divertido volver a leerlo en 2021 y ver cuántas hemos acertado.

Y, bueno… Este… Si alguna compañía fabricante de cámaras entra, lee y decide adoptar alguna de estas geniales ideas, agradecería una pegatina de cazurro.com inside en el cuerpo, justo debajo de la de la marca y/o modelo. Y si no, un puñao de acciones tampoco serían mal recibidas. Gracias.

 

Puntúa esta entrada
Puntuación de los lectores 1 Voto
8.4