Diez sencillas sugerencias para tocar los cojones -ovarios, si es mujer- a un fotógrafo

El fotógrafo (homo photográphicus) es una de esas especies que ha pasado de estar en peligro de extinción a colocarse a un paso de convertirse en una plaga de proporciones bíblicas. Por definición, el fotógrafo es un depredador y, como tal, se comporta como si estuviera en el escalón más alto de la cadena (fo)trófica y no se preocupa de todo lo que esté por debajo de él a la hora de conseguir su presa. Porque… ¿Quién no ha visto cómo un fotógrafo se ha abierto camino a codazos entre la multitud para ponerse en primera fila de un espectáculo callejero y capturar lo que te ha bloqueado de ver? ¿Quién no se ha encontrado documentado gráficamente y pertinentemente tagueado en el facebook al día siguiente de la cena de empresa y en condiciones lamentables? ¿Qué es eso de ir de viaje con unos amigos y ver cómo en una hora no hemos recorrido ni 100 metros por culpa del colega de la cámara que, además, ha estado haciendo fotos a todo el mundo menos a los del grupo? Fotografiado o daño colateral: si hay un fotógrafo de por medio sólo puedes ser una de las cosas. Tanto si eres una como si eres la otra, aquí tienes una guía rápida con frases referencia para poder tocarle los cojones -ovarios, si es mujer- a un/a fotógrafo/a tanto como él te los pueda estar tocando a ti.

¡Pero si sólo es darle a un botón!. Si no quieres perder el tiempo, si no quieres ser sutil, si lo que quieres es ir directo a la yugular… Aquí la tienes. Universal, sencilla, directa y de efecto rápido. La madre de todas las frases para tocar los cojones -ovarios, si es mujer- de cualquier fotógrafo/a que se precie. Os aseguro que a ésta no hay fotógrafo que se le resista y además es fácilmente combinable con todas las que vamos a repasar a continuación. Si además estás metido en el mundillo de la fotografía y ves que el valor del equipo que lleva nuestro querido fotógrafo supera al que tú tienes, no lo dudes y combínala con el campechano pero efectivo ¡Con buena picha bien se jode!

¡Con esa cámara cualquiera! Otro de los golpes más dolorosos para cualquier fotógrafo. ¿Y ahora qué? ¿Negará las bondades de la cámara que tanto dinero le ha costado o negará su talento para sacar fotos con ella? Es un win-win en toda regla. Aunque poco probable -y digo “poco probable” porque apenas hay documentados casos en los que un fotógrafo le deje su cámara a un pazguato que no sabe lo que dice-, existe la posibilidad de que te deje la cámara y te invite a sacar una foto con ella para que te pierdas en la complejidad de sus funciones. Para no caer en su trampa, gira la ruletita de menú hasta el modo automático y, sobre todo, no la cagues intentando encuadrar por la pantalla en vez de por el visor. Si te saliera la foto mal no desesperes y refuerza tu argumento con un ¿Y con lo que te ha costado esta cámara y no saca bien las fotos en automático?.

¿Está retocada? Si hay algo de lo que le gusta presumir al fotógrafo es de la pureza de su obra así que no dudes en atacarle por aquí si tienes ocasión. Es de uso obligado si quieres evitarte una de esas interminables sesiones de visionado de fotos de viaje o reportaje baboso de las monterías que le regalaros sus vástagos en la última excursión familiar pero te invito a ir más allá… ¿Por qué no ir más allá? Pregunta si está retocada cuando te la enseñe en la pantalla de la cámara después de hacerla. Le dejarás sin palabras.

¿Qué cámara me compro? Y nada más. No entres en detalles y, si tienes que entrar, sé lo más vago que puedas. Si te conoce, si de verdad es o quiere ser amigo, que lo demuestre y te asesore en función del perfil psicológico que ha podido formarse de ti durante todos los años que habéis compartido. Y si no, déjale que se moleste en preguntarte para qué la quieres, qué presupuesto manejas o si sabes algo de fotografía. Si tienes alguna idea de lo que quieres o, mejor, si ya tienes medio decidido un modelo, no se lo digas hasta el último momento. En ésta me gustaría autorreferenciarme al post ¿Y qué coche me compro, oye? para que podáis entender más en profundidad lo dolente de la pregunta.

Yo la hubiera recortado por aquí. Recortar. Girar. Ampliar. Ya viste lo que Deckard fue capaz de sacar de una fotografía con esa sencilla terna de órdenes. En definitiva: aproxima. Que se note que tú lo hubieras hecho mejor de haber estado ahí. Incluso puedes darte el gustazo de citar a uno de los grandes para regodearte: “Si una foto no es buena es porque no estabas lo suficientemente cerca” (de Robert Capa, por si te pregunta).

¡Tienes que hacer esta foto! o ¡Esa foto ya la hice yo hace tiempo! son dos elegantes formas de colocar al fotógrafo en su sitio y dejarle claro no sólo no tiene ni puta idea sino que tú no tuviste ni puta idea antes que él por lo que tu ojo está mucho mejor entrenado que el suyo para capturar El Instante Decisivo.

¡Pues a nosotros cada foto de la comunión de mi sobrino nos costó 5€! No dejes que un fotógrafo se las intente dar de artistilla delante tuyo. ¿Qué es eso de hablar de precios de dos (¡o incluso tres) cifras por una fotografía? Aquí puedes darle la puntilla preguntando si te está dando el precio en las antiguas pesetas y engarzarla con un indignadísimo “¡pero si sólo es darle a un botón!“.

¡A mí no me saques! Es una de ésas frases que crispan los nervios al momento si sabes manejar el tempo. Asegúrate de que el fotógrafo está apuntando en una dirección en la que tú no estás (el efecto es aún mayor si estás a sus espaldas) y suéltala. Si el fotógrafo baja su cámara y se gira para señalar o dar explicaciones de lo que está sacando, tú insiste. “Bueno, pero a mí no me saques”. No te asustes, lo que estarás oyendo será el rechinar de sus dientes. De ésta hay otra variable: si estás en una celebración popular (de ésas en las que hay más fotógrafos que barriles de cerveza) cambia la estrategia a un ¡A mí! ¡A mí! ¡Sácame a mí! poniéndote delante de la cámara saltando. Insiste hasta que te la haga y, cuando te diga que ya está hecha, pídele que te la enseñe, pásale el brazo por el hombro, dile que te la mande por email y remátale preguntando cuánto te va a pagar en concepto de derechos de imagen.

¡Con las analógicas sí que se hacía fotografía de verdad! ¿Dónde quedaron el romanticismo, la incertidumbre, la espera, el cuarto oscuro, la luz roja, el olor a químicos, el papel tendido, los gigantescos álbumes…? La fotografía se ha devaluado tanto como la pérdida de la virginidad; ya no se sabe esperar y se ha convertido en un acto rápido, frío y sin sentimientos.

Nos gustaría usar una foto tuya. A cambio te ofrecemos poner tu nombre en el pie de foto y así te hacemos publicidad. A mí ésta me gusta especialmente porque deja claro que no sólo no vas a pagar al fotógrafo por su trabajo sino que en realidad es el fotógrafo el que paga su publicidad en tu publicación con su fotografía. Es la típica jugada de hacer que los demás vean que les haces un favor cuando en realidad ellos te lo están haciendo a ti. El efecto de esta fórmula es variable y directamente proporcional a la experiencia del fotógrafo, no la uses en pipiolos a no ser que les veas enamorados de su trabajo.

Para acrecentar el efecto de cualquiera de estas frases, recomiendo rematar cualquiera de ella con una inocente pero sonora risotada final y, si es posible, acompañarla con una palmadita en la espalda.

Hasta aquí mis diez sugerencias. Pero seguro de que sabéis alguna más, así que no os cortéis y dejadlas por aquí, que cualquier consejo para poder repeler los envites del temible homo photographicus serán, a buen seguro, útil y bien recibido.

Gracias a @rahego, @brunoat, @manugtz291, @yaniesther, @fotomaf, @antoniomaranon, @pedrolmerino, @kikeguisasola, @nndsnchz, @ccmartin23, @atmosphear_, @vicsoriano, @pablorequejo, @domingocaceres, @erkua, @arkanoid_k7, @martinlopez, @plutarski, @davidkb, @elessar, @nussprofessor en twitter y a otros muchos en facebook, fotógrafos profesionales y aficionados que tuvieron la amabilidad de hacerme llegar sus historias cuando lancé la pregunta de cuáles eran las frases les sacaban de quicio en lo fotográfico.

 

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