Pequeñas diferencias: aprendiendo a ser un poco tico

¿Sabes qué es lo más gracioso de Costa Rica? Son las pequeñas diferencias. Tienen la misma mierda que nosotros pero es un poco diferente. El mítico diálogo entre Vicent y Jules, adaptado al país tico, que aparece al principio de ‘Pulp Fiction’ (Quentin Tarantino, 1994) se me vino a la cabeza en multitud de ocasiones durante mi estancia en Costa Rica.

Quizá lo que más me chocó de entrada al dar mi primer paseo por San José fue la cantidad de pulperías que había. Apenas había cuadra sin una de ellas en alguna de sus esquinas. ¿Quién iba a decirme a mí que encontraría más cultura del pulpo en la capital de Costa Rica que en toda Galicia? Como pulpero de pro que soy, no podía dejar pasar la oportunidad de probar el/los platos de pulpo típicos de la zona, así que a la primera oportunidad que tuve me acerqué a una de ellas.

La primera impresión que tuve cuando entré en una de estas pulperías es que algo no cuadraba. Para empezar, los locales están repletos de estanterías con todo tipo de productos de alimentación y droguería, lo regentaba un chino con cara de pocos amigos y en la barra del fondo no había ni siquiera un borracho oficial. Por no mencionar el hecho de que, en el que yo entré (y luego me hice habitual) entre las estanterías del fondo y las neveras de las bebidas había una anciana china, con una palidez que rozaba lo fantasmagórico a la luz de las neveras, sentada en una rudimentaria silla de madera y mirando fijamente cada uno de mis movimientos. Me lo pensé dos veces antes de sacar nada de ahí; por un momento creí que si sacaba una bebida del refrigerador, me vería arrastrado a una dimesión paralela.

Aunque nada más entrar di por sentado que una pulpería en Costa Rica no iba a ser lo mismo que una pulpería en España, no me iba a quedar con las ganas de preguntarle al chino de la caja si tenían pulpo. De todas las veces que entré después en aquella pulpería, ésa fue la única en la que vi una reacción guatdefaquera en el rostro del cajero. “¿Pulpo? ¿Qué pulpo?” fue lo que obtuve como respuesta. Así que me pillé una bolsa de patatas y me fui con mi hambre a otra parte.

Más tarde me explicaron, no sin librarme de las risas de los ticos al contarles la historia, que una pulpería no tiene su raiz en pulpo sino en pulpa, ya que antaño era ahí donde se sacaba y vendía la pulpa de ciertas frutas y que poco a poco han ido evolucionando hasta convertirse en lo que nosotros conocemos (o conocíamos, porque ya casi no tenemos) en España como colmados de barrio.

Aquel fue el primero pero no el último de los giros de vocabulario español-tico/tico-español con el que me crucé.

LOS MUERTOS Y LAS BOMBAS

Cuando vas en la parte de atrás de un coche por San José y el copiloto suelta de pronto un “¡cuidado con el muerto que hay junto a la bomba!”, se te activa el sentido arácnido. “¿¡Bomba!? ¿¡Muertos!? ¡¿Pero qué cojones…!?”, piensas y, con toda la sutileza con la que te han educado tus años en colegio de curas invitas a tus anfitriones a que entren en detalles sobre ese aviso antes de entrar en un debate interno sobre si entrar en pánico o pedir que paren el coche para sacar unas fotos. Desgraciadamente, no tuve ocasión de entrar en este debate (cuyo resultado final me parecía muy interesante) ya que muerto es la forma que tienen de llamar a los badenes y bomba a las gasolineras. Cuando les pregunté si eran conscientes de la frase que habían soltado con tanta naturalidad se pararon a pensarlo y se echaron unas risas mientras mi corazón seguía en modo anaeróbico.

SODAS Y CASADOS

Un soda no es un sitio en el que venden gaseosas. Es un bar o, más que un bar, un restaurante pequeño. Un bistró de barrio en el que se pueden comer un buen plato de especialidades ticas (gallo pinto, ceviche, olla de carne, chifrijo o casados) acompañado de deliciosos frescos (zumos) de frutas tropicales como el cas, piña, mora, tamarindo o té frío (no es nada habitual ver a un tico acompañar su comida con agua) por algo menos de 4$ al cambio. Pero para probar mi primer casado tuve que pagar el peaje de una buena sesión de carcajadas ticas…

El primer fin de semana que estuve en Costa Rica me llevaron a un complejo hotelero a la falda del volcán Arenal. Un complejo de bungalows de lujo que andaba lleno de honeymooners, a unos cuantos kilómetros del pueblo más cercano y en el que no quedaba otra que comer en alguno de sus restaurantes. El caso es que en el menú había una página encabezada con menú especial casados y, viendo lo que me rodeaba, hice una interpretación literal y asumí que se trataba de eso: de un menú especial para los recién casados, así que pasaba la página sin mirarla. No fue hasta que lo vi en el primer soda al que me llevaron que no sospeché de mi errónea interpretación. Efectivamente, cuando lo conté se partieron la caja y, aún con lágrimas en los ojos, me explicaron que el casado es algo así como el plato combinado de los costarricenses: arroz, frijoles, plátano frito, ensalada aliñada con limón/lima y cilantro y un acompañamiento fuerte que varía en función de lo que te apetezca (cerdo, pollo, algún guiso…).

No hubo mediodía que no tuviera libre que no comiera en alguno de los sodas que había en el barrio por el que estuviera paseando. Riquísimos.

¡PURA VIDA, MAE!

Pura vida no es un simple eslogan turístico, es una constante en prácticamente cualquier conversación. No tengo muy claro qué fue antes, si el eslogan o la expresión pero, en cualquier caso, es una fórmula comodín en cualquier saludo, agradecimiento o despedida. Pura vida es el alfa y el omega de la conversación: es hola, es adiós, es gracias, es que vaya bien, es ¿cómo estás?… Dos personas que se cruzan por la calle se intercambian un pura vida, no un hasta luego.

Mae es, de entre todas las que me topé, la palabra que se me antojó como la más exportable de Costa Rica. Yo me volví con el firme propósito de hacer del mae, entre otras cosas, mi aportación a la exportación de la cultura tica a España. En una conversación coloquial el mae es omnipresente. Dos de cada diez palabras son mae, que es nuestro tío de ¿qué pasa, tío?, que sería su ¡pura vida, mae!. Es gracioso ver cómo algunos interlocutores en una conversación entre jóvenes se llena de maes hasta convertirles en auténticas “maetralletas”. Obviamente, en España nos pasa lo mismo con el tío pero de tan acostumbrados que estamos, no nos damos ni cuenta hasta que lo escuchamos en otro país y a palabra cambiada.

DE LO TUANIS Y LO CHUZO, DE LO SÚPER Y DE LO VACILÓN

En Costa Rica no hay cosas molonas, ni guays, ni chachis, ni cojonudas: las cosas son tuanis, chuzas [/chuças/], vacilonas, súper… La que más me llamó la atención, sin duda, fue tuanis, que se me antojaba de origen indescibrable pero al final encontré a alguien que me supo explicar que era una evolución muy suigeneris del too nice [/tu nais/] inglés, así que chuça, que era la otra que llamaba mi atención, dejó de parecerme tan llamativa en cuanto a que tenía cierto parecido con chula y vista la evolución que habían hecho del too nice.

Como supondréis, podría seguir largo y tendido con esta lista de pequeñas diferencias pero me quedo con éstas como ejemplo porque fueron las que más risas me proporcionaron (y a Marcela, y a Juanma, y a Sylvia, y a Bryan, y a Tomás…).

 

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